Hay partidos que quedan marcados para siempre. Y el que protagonizaron Noruega y Brasil será uno de ellos. El seleccionado nórdico escribió la página más importante de su historia al vencer 2-1 a la Verdeamarela y meterse, por primera vez, entre los ocho mejores de una Copa del Mundo. El héroe de la noche fue, cómo no podía ser de otra manera, Erling Haaland, autor de un doblete que desató la locura noruega.
El encuentro estuvo muy lejos de ser un espectáculo durante gran parte de los 90 minutos. Fue un partido trabado, con pocas situaciones de gol y mucho estudio entre ambos equipos. Brasil monopolizó la posesión, pero le costó una enormidad generar peligro real, mientras que Noruega esperaba paciente, ordenada y lista para aprovechar su oportunidad.
La primera gran acción del partido llegó desde los doce pasos. Brasil tuvo un penal en el primer tiempo, pero el encargado de ejecutarlo fue Bruno Guimarães, cuyo remate fue contenido por el arquero Ørjan Nyland. La decisión de Vinicius que no asumiera esa responsabilidad seguramente abrirá el debate en Brasil durante mucho tiempo.
Cuando parecía que el encuentro caminaba inexorablemente hacia el tiempo suplementario, apareció el hombre de las grandes noches. A los 79 minutos, Andreas Schjelderup levantó un centro perfecto y Erling Haaland metió un cabezazo extraordinario, bien esquinado, imposible para Alisson. Un gesto técnico de manual para romper un partido que parecía completamente cerrado.
Brasil sintió el impacto y salió desesperadamente en busca del empate. Esa necesidad dejó espacios, y Haaland volvió a hacer de las suyas. En una jugada donde prácticamente no tenía margen de maniobra, controló en menos de un metro y sacó un derechazo violentísimo, cruzado y abajo, dejando sin respuestas al arquero brasileño. Un gol de crack, de esos que solo están al alcance de los mejores delanteros del planeta.
Recién en tiempo de descuento, ya con el partido prácticamente definido, Neymar descontó de penal, pero fue demasiado tarde para una selección brasileña que nunca encontró su mejor versión. El gol apenas maquilló un resultado que terminó siendo justo por lo hecho por ambos equipos.
Lo de Noruega merece un reconocimiento enorme. No solamente eliminó a la selección más ganadora de la historia de los Mundiales, sino que lo hizo con personalidad, disciplina táctica y una confianza inquebrantable en su idea de juego. Supo sufrir cuando fue necesario y golpeó con una eficacia demoledora cuando tuvo sus oportunidades.
Haaland volvió a demostrar por qué es uno de los mejores delanteros del mundo. Sus dos goles clasificaron a Noruega a los cuartos de final y confirmaron un Mundial extraordinario para el atacante, que sigue peleando en lo más alto de la tabla de goleadores.
Para Brasil, en cambio, es un golpe durísimo. Otra Copa del Mundo que termina antes de lo esperado y una eliminación que volverá a abrir un sinfín de interrogantes. Del otro lado, Noruega disfruta del mayor triunfo de su historia y sueña con seguir escribiendo una aventura que ya es inolvidable.
