El fútbol argentino despidió este sábado a uno de sus grandes emblemas. Antonio Ubaldo Rattín, histórico mediocampista, capitán de la Selección Argentina y referente indiscutido de Boca Juniors, falleció a los 89 años.

Con su partida se va mucho más que un futbolista. Se va una de esas figuras que ayudaron a construir la identidad del fútbol argentino: temperamental, valiente, orgullosa y profundamente ligada a los colores que defendió durante toda su carrera.

Rattín vistió solamente dos camisetas: la azul y oro de Boca y la celeste y blanca de la Selección. Una frase que él mismo solía repetir y que resume una trayectoria marcada por el sentido de pertenencia.

Debutó en la Primera División de Boca en 1956, nada menos que en un Superclásico disputado en la Bombonera, y permaneció en el club hasta su retiro en 1970. Disputó 382 partidos, convirtió 28 goles y se transformó en uno de los máximos referentes de la historia xeneize.

Con la Selección Argentina participó de los Mundiales de Chile 1962 e Inglaterra 1966. Precisamente en aquella Copa del Mundo protagonizó una de las escenas más recordadas de la historia del fútbol nacional.

En los cuartos de final frente a Inglaterra, Rattín fue expulsado en medio de una enorme confusión con el árbitro alemán Rudolf Kreitlein, quien no hablaba español. El capitán argentino se negó inicialmente a abandonar el campo, pidió explicaciones y terminó sentado sobre la alfombra roja reservada para la reina Isabel II. Aquella situación fue uno de los acontecimientos que impulsaron posteriormente la implementación de las tarjetas amarillas y rojas para facilitar la comunicación de las decisiones arbitrales.

Ese episodio también lo convirtió en un símbolo de rebeldía y orgullo para el fútbol argentino. Más allá de las discusiones que todavía rodean aquella expulsión, su imagen defendiendo la camiseta nacional quedó grabada para siempre.

Como reconocimiento a su trayectoria, la FIFA autorizó a la Selección Argentina a utilizar un brazalete negro durante el encuentro ante Suiza por los cuartos de final del Mundial 2026. El homenaje permitió que la Albiceleste llevara consigo la memoria de uno de sus antiguos capitanes en una nueva noche mundialista.

Antonio Rattín fue carácter, liderazgo y pertenencia. Fue Boca y fue Argentina. Fue uno de esos futbolistas que entendieron que una camiseta no solamente se viste: también se defiende.

El fútbol argentino despide a uno de sus grandes caudillos, pero su historia seguirá viva cada vez que la pelota vuelva a rodar en la Bombonera y cada vez que la Selección salga a la cancha.

Hasta siempre, Antonio Rattín.

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