Con una camiseta azul inspirada en aquella que utilizó la Selección argentina en el histórico partido ante Inglaterra durante el Mundial de México 1986, Los Pumas saltaron al campo del Estadio Único Madre de Ciudades con la intención de regalarle otra alegría al público argentino.
El seleccionado nacional cayó 31-24 ante Inglaterra, en un partido que comenzó de la peor manera, que por momentos pareció perdido y que terminó dejando un sabor profundamente amargo. Porque Los Pumas reaccionaron, estuvieron a centímetros de una remontada inolvidable, pero durante buena parte del encuentro no estuvieron a la altura de lo que exigía un rival de semejante jerarquía.
Desde el comienzo, Inglaterra impuso las condiciones. Dominó el contacto, avanzó con demasiada facilidad y encontró enormes diferencias a partir de la potencia de su primera línea. Ellis Genge fue una pesadilla para la defensa argentina y el wing Immanuel Feyi-Waboso desequilibró cada vez que logró atacar con espacios.
Los Pumas no pudieron frenar el avance inglés, perdieron la batalla física y tampoco encontraron claridad cuando recuperaron la pelota. Cada intento argentino se chocó contra una defensa firme, mientras Inglaterra lastimaba con una enorme contundencia.
El conjunto visitante abrió el marcador rápidamente con un try de Tommy Freeman y luego amplió la ventaja mediante dos conquistas de Ben Earl, una de ellas nacida a partir de un scrum que desarmó por completo a la formación argentina. Los Pumas apenas lograron descontar con un penal de Tomás Albornoz y se marcharon al descanso perdiendo 19-3.
El primer tiempo argentino fue realmente pobre.
El equipo de Felipe Contepomi estuvo impreciso, llegó tarde a los contactos y nunca logró imponer su juego. Inglaterra fue superior en prácticamente todos los sectores y pudo haberse ido al entretiempo con una diferencia todavía mayor.
Pero en el complemento apareció el orgullo.
Los Pumas salieron convertidos en una tromba, empujados por un estadio que nunca dejó de creer. Mateo Carreras apoyó el primer try argentino y, poco después, la presión del equipo derivó en un try penal. Con las conversiones de Albornoz, Argentina se puso 17-19 y quedó solamente a dos puntos de una Inglaterra que empezaba a perder jugadores por indisciplina.
Era el momento.
El rival estaba golpeado, jugaba con hombres menos y el estadio se venía abajo. Sin embargo, Los Pumas no supieron aprovecharlo. Tomaron malas decisiones, perdieron pelotas importantes y comenzaron a recibir tarjetas que terminaron igualando nuevamente las condiciones.
Y cuando parecía que el partido estaba listo para cambiar de dueño, Inglaterra volvió a golpear.
Primero apareció Marcus Smith para apoyar en una de las esquinas. Después llegó una extraordinaria carrera de Feyi-Waboso, quien encontró un espacio en la defensa argentina y marcó el try que llevó el resultado a un durísimo 31-17.
El partido se interrumpió durante varios minutos por una fuerte lesión sufrida por el inglés Benhard van Rensburg, quien debió recibir atención médica antes de abandonar el campo.
Tras la reanudación, Los Pumas volvieron a ir hacia adelante con más corazón que claridad. Justo Piccardo apoyó sobre el final, Albornoz convirtió y el marcador quedó 31-24, todavía con una última oportunidad para buscar el empate.
Entonces llegó la jugada que desató la bronca.
Argentina atacó hasta el último segundo y Bautista Delguy llegó al ingoal inglés. La acción fue revisada durante varios minutos y terminó anulada en medio de una enorme polémica, que merece un análisis aparte.
El resultado final mostró una diferencia de solamente siete puntos. Pero el desarrollo dejó una sensación más dura.
Los Pumas tuvieron una reacción valiente, fueron capaces de levantarse después de un primer tiempo muy malo y terminaron luchando hasta la última pelota. Sin embargo, no alcanza solamente con el amor propio cuando se enfrentan selecciones de este nivel.
Argentina pagó caro su flojo comienzo, su falta de precisión y la incapacidad para aprovechar los momentos en los que tuvo superioridad numérica. Inglaterra fue más sólida, más efectiva y supo golpear en los momentos justos.
Fue una derrota digna por la manera en la que se peleó hasta el final.
Pero también fue una derrota amarga.
Porque Los Pumas estuvieron cerca en el resultado, aunque durante demasiado tiempo estuvieron lejos en el juego.
