Con el tiempo cumplido, Bautista Delguy se lanzó sobre la bandera buscando el try que podía darle el empate a Los Pumas. El árbitro Angus Gardner convalidó inicialmente la conquista, pero el TMO intervino y, tras varios minutos de revisión, determinó que el argentino había apoyado con parte de su cuerpo fuera del campo de juego. No hubo try. Partido terminado.

Hasta ahí, la decisión puede ser entendible.

Las imágenes dejan la sensación de que Delguy efectivamente termina apoyando fuera de los límites del in-goal. Es una jugada finísima y, en ese aspecto, es razonable darle la derecha al árbitro.

Pero el verdadero debate comienza unos segundos antes.

En su carrera hacia el ingoal, Delguy recibe un tackle alto de Noah Caluori que desestabiliza claramente su acción. Inmediatamente después llega un segundo contacto defensivo que termina empujándolo definitivamente hacia afuera. Esa posible infracción fue revisada por el TMO, pero los jueces consideraron que no ameritaba sanción.

Y ahí nace toda la polémica.

Porque si ese tackle alto es sancionado como juego peligroso e impide una probable conquista, el reglamento contempla la posibilidad de otorgar un try penal, una decisión que hubiese significado el empate para Los Pumas con el reloj ya cumplido.

No se trata de discutir el no try.

Para mí, esa decisión puede sostenerse.

La discusión pasa por lo que ocurrió antes. El contacto al cuello existe, modifica la trayectoria del atacante y condiciona completamente la definición de la jugada. Esa acción, como mínimo, merecía una revisión mucho más profunda.

La bronca fue inmediata.

Los jugadores argentinos rodearon al árbitro y el público despidió a Angus Gardner con una ensordecedora silbatina. La sensación en el estadio fue unánime: más allá de que el try pudiera estar bien anulado, una posible infracción previa quedó sin sanción.

Y eso fue lo que más indignó.

Porque nadie discute que la definición de Delguy pueda haber terminado afuera. Esa decisión es, como mínimo, debatible y puede sostenerse. Lo difícil de entender es que el tackle alto, que condiciona completamente la acción, no haya tenido consecuencias.

Desde mi punto de vista, era un try penal.

Y si el árbitro entendía que no correspondía llegar a esa sanción máxima, al menos debía cobrar el penal y darle a Los Pumas una última oportunidad de jugar. Lo que resulta verdaderamente inexplicable es que la jugada haya terminado sin ningún tipo de sanción para Inglaterra.

No es la primera vez que, entre jugadores e hinchas argentinos, quedan fuertes cuestionamientos por fallos arbitrales en partidos importantes del seleccionado. Esta vez volvió a ocurrir. El reclamo no pasa por el try anulado, sino por una infracción previa que, para muchos, cambió por completo el desenlace de la última acción del partido.

Las polémicas siempre existirán en el rugby.

Pero cuando una decisión define la última pelota del encuentro y deja tantas dudas, el debate es inevitable. Y esta jugada, seguramente, seguirá dando que hablar durante mucho tiempo.

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